Buscó entre sus ropas, ese papel ennegrecido por el tiempo y al
encontrarlo muchos recuerdos volvieron a su mente, era la carta que ella le
dejara sobre la mesa del living el día que se fue. La apretó en su mano hizo un
boyo y se volvió hacia la persona que estaba cerca suyo, toma -le dijo- si no
tenes con que prender el fuego usa esto, aunque es poco papel alcanza para empezar. De esta manera el
pasado hecho llama se convirtió en humo y dejó de ser.
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Entre ambos crearon una ficción, el problema se dio cuando llegaron al
último capítulo.
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--¡No me digas nada!
--No.
--¡Cállate la boca!
--Si
--¿Sabes una cosa?
--¿Qué?
--Me parece que seríamos una buena pareja.
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--Tenía tanto miedo.
--No sé porque.
--¿Es que el miedo tiene que tener un sentido?
--Lo opuesto al valor.
--Ah, entonces estuve tan opuesto al valor que tuve miedo.
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--No sé qué decirte.
--No me digas nada, ya todo lo dijiste con tu silencio.
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Camino desorientado, cuando encontró su norte ya era tarde.
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¿En cuál de todos los barrios vive mi amada? ¿De la ciudad entera en que
casa habita? ¿Dónde está el lecho que retiene su cuerpo en el descanso y la
mesa donde se alimenta día a día? ¿Dónde está ella? ¿En qué recodo de esta
selva de cemento, en que cuadricula de calles paralelas infinitas e iguales,
transcurrirá su vida? ¿Qué casualidad del destino influirá en nuestro
encuentro? ¿Cuál será el sitio, donde pueda verla y encontrarla en el infinito
misterio de un instante?
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