martes, 23 de abril de 2013

DIA A DIA




                                             

La muchacha de la rosa le decían, porque su hombro izquierdo lucía un tatuaje de flor sobre su cuerpo. También la conocían como la mujer de los cacharros, porque era ceramista y día a día, creaba ánforas que contenían sueños y pesadillas, espíritus desconocidos encerrados en las paredes de barro, que se volvía dura arcilla al calor del horno que la cocía. Caía la tarde y ella salía con su bolso cargado de jarrones, macetas, ceniceros y mil formas más, que surgían de sus manos y se materializaban en el fuego de su propio infierno, al calor de la vida. Luego, mientras andaba por la ciudad recorriendo calles y lugares diferentes, sitios nuevos y viejos, en cada uno de ellos y cada tanto, dejaba sobre la baldosa o el pavimento como si se hubiera perdido, uno de los objetos que llevaba y alegre después, seguía su camino. Era su forma de ser, de entregar  lo que hacía, de esa manera se reconocía productora de mercadería que no se vendía, tan solo se perdía -o así parecía- para que otro la encontrara y la haga suya, eso al menos ella decía, mientras caminaba y dejándolo olvidado en cualquier lado, entregaba a los demás lo que día a día en su vida construía.

martes, 16 de abril de 2013

MAS BREVES



Buscó entre sus ropas, ese papel ennegrecido por el tiempo y al encontrarlo muchos recuerdos volvieron a su mente, era la carta que ella le dejara sobre la mesa del living el día que se fue. La apretó en su mano hizo un boyo y se volvió hacia la persona que estaba cerca suyo, toma -le dijo- si no tenes con que prender el fuego usa esto, aunque es poco papel  alcanza para empezar. De esta manera el pasado hecho llama se convirtió en humo y dejó de ser.

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Entre ambos crearon una ficción, el problema se dio cuando llegaron al último capítulo.

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--¡No me digas nada!
--No.
--¡Cállate la boca!
--Si
--¿Sabes una cosa?
--¿Qué?
--Me parece que seríamos una buena pareja.

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--Tenía tanto miedo.
--No sé porque.
--¿Es que el miedo tiene que tener un sentido?
--Lo opuesto al valor.
--Ah, entonces estuve tan opuesto al valor que tuve miedo.

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--No sé qué decirte.
--No me digas nada, ya todo lo dijiste con tu silencio.

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Camino desorientado, cuando encontró su norte ya era tarde.

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¿En cuál de todos los barrios vive mi amada? ¿De la ciudad entera en que casa habita? ¿Dónde está el lecho que retiene su cuerpo en el descanso y la mesa donde se alimenta día a día? ¿Dónde está ella? ¿En qué recodo de esta selva de cemento, en que cuadricula de calles paralelas infinitas e iguales, transcurrirá su vida? ¿Qué casualidad del destino influirá en nuestro encuentro? ¿Cuál será el sitio, donde pueda verla y encontrarla en el infinito misterio de un instante?

                                                                   ----o----